Resumen
El resonante episodio de descuento en el precio de un vehículo personal, con el que una empresa automotora benefició al presidente del Uruguay, parece un corolario mediático particularmente eficaz para herir el pundonor representativo de un mandatario ante la opinión pública. Este suceso digno de una serie televisiva no es sino el más difundido – incluso quizás el menos grave en significación estratégica –, entre varios episodios que parecen producidos ex-profeso para menoscabar todo perfil alternativo (¡de un gobierno « de izquierda »!) : el silencio ante el genocido del pueblo palestino, la consideración « razonable » de las políticas de seguridad de Bukele, el reclamo de ser tenido en cuenta como miembro de « El Escudo de las Américas ». Contrario a la expectativa de sus propios votantes, el sesgo adoptado por Orsi menoscaba a un candidato forjado desde el más conspicuo ámbito partidario, donde según nos predica cierto credo laico se atesora, por encima de los entuertos de gran número de sistemas políticos, el sagrario de una ejemplar democracia uruguaya. ¿Qué pone al descubierto este abrumador descrédito del mandatario más acreditado partidariamente en el contexto regional e incluso más allá? ¿Qué nos dice acerca del fracaso generalizado que afecta, pese a tantas recomendaciones bienpensantes, a los sistemas de partidos más prestigiosos ?
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1a. quincena, junio 2026
¿Bajo qué perfil se auspició la candidatura presidencial de Orsi ?
En primer lugar en cuanto se le atribuía, durante el ejercicio de la Intendencia del departamento de Canelones, el don de alcanzar acuerdos y generar consenso con la oposición, protagonizada por los conservadores partidos tradicionales. En segundo lugar se hacía hincapié en el empuje empresarial que caracterizó al mismo departamento bajo los mandatos de Orsi, donde algunas zonas se han convertido en polos de crecimiento económico. En tercer lugar, se subrayaba el saber administrativo que requería gobernar un departamento de diversificada estructura económica y social, a punto tal que parece reflejar, a escala reducida, las características del conjunto del país. Como corolario de las tres calidades anteriormente referidas, se apreciaba un estilo personal de viso sencillo y pauta popular, habilitado a colmar la brecha electoral que suele sufrir el Frente Amplio, abierta entre el contexto metropolitano y el resto del país.
Esos cuatro rasgos de la trayectoria de Orsi como intendente configuraron la argumentación que lo proyectó a la candidatura presidencial por el Frente Amplio, pueden por lo tanto resumirse como sigue : el « mejor candidato posible » debe consensuar con los partidos conservadores, favorecer el crecimiento empresarial, trasuntar la unidad nacional y contar con favorable perfil mediático.
Sólo una de esas cuatro características escapa a la percepción consolidada, inclusive históricamente en el Uruguay, del mejor perfil presidencial : « forjar el consenso interpartidario ». En la tradición uruguaya la coparticipación inter-partidaria en los organismos del Estado y las leyes que regulaban el vínculo interpartidario nunca fueron óbice al más arduo debate ideológico, sino por el contrario, el resultado de la confrontación más acerba : ¿es necesario recordar los duelos personales en el « campo del honor » que se prosiguieron hasta los años 1960, algunos con desenlace trágico, para percibir hasta qué punto la acritud desbordaba los límites propios al debate?
La regla del consenso interpartidario surge como imperativo estratégico con posterioridad a la Restauración republicana y como efecto de esta última, tras el régimen civil y militar totalitario que imperó en el Uruguay entre 1973 y 1985.
¿Intervino una trivial resultante de la trivialidad?
El objetivo de blindar al sistema de partidos se fundamentó inicialmente en conjurar el « peligro del retorno de los militares ». Pese a tan loable propósito, el proceso que siguió demostró que los militares no se habían ido nunca. Incluso en dos oportunidades el recurso al referéndum para derogar la « Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado » fracasó, en el intento por obtener mayorías electorales para la reivindicación de « verdad y justicia » con relación a los crímenes perpetrados por el régimen totalitario. Los avances que se lograron en el ámbito de la justicia fueron efecto de la prolongada y denodada lucha de los familiares de los detenidos-desaparecidos, del apoyo creciente (hoy multitudinario) que logró entre la población y del recurso jurídico a las normas internacionales que ha suscripto el Estado.
El transcurso de varias décadas demostró que la apelación « democrática » con relación al período que se abrió en 1985 parece afectada, si no de cierta « insostenible levedad del ser », al menos de una inocultable trivialidad. Quizás el perfil que llevó a respaldar la candidatura de Orsi a la presidencia del Uruguay corresponde a un efecto tardío, e incluso reforzado, de esa trivialidad : un perfil consabido y sin aristas salientes parece el más propicio para consolidar una democracia de vitrina, controlada por un republicanismo anodino.
La mediación no es trivial, pero la trivialidad es mediática
Particularmente gravitante en Occidente, una prolongada tradición política, intelectual y religiosa otorga a la mediación un papel clave en el ethos, es decir, en « el carácter y las costumbres de un pueblo ». Cuando se destaca la significación estratégica de la comunicación tecnológica, tanto en el plano de las creencias, como en el de la economía o incluso en lo militar, conviene recordar que la matriz arquetípica de la comunicación ha sido registrada como « experiencia vicaria »,1 en una perspectiva de mediación entre partes correlativas.
Lo mediático parece, por el contrario, afectado de una indisimulable trivialidad. Quizás este papel prosaico y menor no sea sino la contracara de la trascendencia que exhibe la propia mediación. La proliferación de los medios de comunicación, es decir, de los medios de la mediación, ha acarreado el auge de lo mediático, en cuanto el ciudadano ha tendido progresivamente a convertirse en un « pro-sumidor », es decir, en un dividuo de la misma inter-actividad que (se) supone individual. La creciente transversalidad de la mediación pone de relieve los perfiles menos elaborados, aquellos que se encuentran más cerca de la recepción y la percepción más llana.
Esta igualación de sensibilidades por lo más bajo ha propiciado el surgimiento de « outsiders », quienes explotando sentimientos extendidos y capitalizados por aparatos electorales, han quebrado la jerarquía intelectual de la democracia representativa, que en un pasado aún reciente conjugaba desde el saber la inspiración, e incluso la propia conducción de los asuntos públicos. Hemos visto proliferar, junto con el descaecimiento de los aparatos partidarios tradicionales de prosapia ideológica (liberales, socialdemócratas, comunistas, anarquistas, etc.), perfiles tan pseudo-religiosos como ultra-liberales, paradójicamente fusionados en el designio inmediatista de hacer cundir un Orden Ejemplar, enarbolado a través de la fabulación nacional fetichista : Trump (Make America Great Again), Bolsonaro (Brasil acima de tudo, Deus acima de todos ) o Milei (Libertarianismo : volver a la Argentina que fue potencia mundial).2
Orsi, émulo de Joe Biden
Según los parámetros que recomienda un planteo político mainstream, Orsi se aproxima por el lado opuesto a un outsider, a la figura de Joe Biden. Surge como este último, del ámbito más conspicuo de los cuadros partidarios, alcanza ribetes presidenciables desde la misma gestión institucional y por último, se confía al parecer de asesores que provienen del mismo « bloque en el poder » (entendiendo por tal influjo, una orquestación político-empresarial).3 A todo lector/a le consta, por último, las infelices actuaciones mediáticas que conllevaron el eclipse, aunque en distintas dimensiones, del ex-presidente estadounidense y del actual presidente uruguayo.
Conviene por lo tanto, recabar los antecedentes de quien preside actualmente el Poder Ejecutivo del Estado uruguayo en el sistema de partidos del mismo país, una vez descartada toda aceleración diferencial por cuenta propia, que (desde un punto de vista supra-partidario) pudiera aducirse a su favor. Sin duda todos los indicadores apuntan de inmediato a Mujica, en tanto no solo patrocinó (apadrinó cabría decir) la candidatura de Orsi, sino que le dictó la parte estratégica del futuro gabinete (los ministerios de economía y ganadería), e incluso manifestó abierta y reiteradamente su opinión en contra de quien, en la elección interna al Frente Amplio, competía con Orsi (Carolina Cosse). A estos índices de preferencia personal cabe sumar que Mujica era el « dueño » de la aplastante mayoría de los votos frenteamplistas, como quedó refrendado en la misma elección nacional, sin olvidar que el actual presidente aducía pertenecer al mismo sector partidario que su mentor electoral (el Movimiento de Participación Popular).
Como no cabe sino aceptar que Mujica fue quien impulsó la candidatura de Orsi, cabría asimismo admitir, ante la magra performance del actual presidente, que Mujica se equivocó en la elección del candidato. Aunque esta hipótesis resulta en primera instancia verosímil desde una lectura coyuntural, su aceptación conlleva salvedades : análogo error fue cometido por Mujica-Topolanski cuando respaldaron la inmadura candidatura a la vicepresidencia de Raúl Sendic hijo, pero además, lo sostuvieron cuando ya era evidente el estropicio de la actuación personal del entonces vicepresidente. ¿Es necesario recordar que provino del mismo Mujica la candidatura de Almagro a la secretaría general de la OEA? El punto fundamental al respecto no sería, una vez consideradas tan desastrosas opciones, saber si Mujica se equivocó respecto a las calidades personales de uno u otro “delfín”, sino en saber si la generación de decisión política por parte del “ex-guerrillero” podía presentar otra opción (paradójicamente) razonable.
Es decir, el “error” de Mujica no habría sido de persona, sino de planteo estratégico de la decisión y a partir de tales premisas cabe considerar, particularmente respecto a Orsi, que no podía sino tomar una decisión equivocada. Conviene recordar al respecto que el criterio del fundador del MPP para sostener la candidatura de Orsi fue “es el que puede ganar”, refiriéndose al mero resultado electoral. ¿Es necesario abundar en la renuncia conceptual que trasunta un rasero político pura y exclusivamente electoralista?
Los tupamaros no inventaron las elecciones, fueron las elecciones las que inventaron al MLN
Al respecto de la figura de Mujica, suele traerse a colación, tanto en su favor como en su contra, el “arrepentimiento” que confesara con fruición hacia su participación en la guerrilla tupamara. Pese a esta ambigüa confesión de parte, no es la figura de un guerrillero la que se evoca cuando se quiere situar conceptualmente el arrepentimiento republicano de Mujica, sino la del fundador del partido ruralista del que provino Juan María Bordaberry, el presidente auto-golpista : Benito Nardone.4 El/la lector/a podría considerar que ese paralelo entre Nardone y Mujica obedece a una visión sesgada y particularmente adversa al referente del MPP. Conviene observar ante esa razonable sospecha, que un infrecuente consenso entre los investigadores corrobora el paralelo entre el “guerrillero arrepentido” y el líder conservador que ensalzaba la rudeza campesina y denunciaba el peligro comunista.5 Quizás cierto “eterno retorno” tenue de “Chicotazo”, aquel líder de carisma apaisanado y convocatoria radiofónica, quien decidiera electoralmente la primera alternancia gubernativa en el Uruguay del siglo XX, nos esté llegando ahora Orsi mediante, a través de un aura mediática deslucida y una convocatoria política negativa, como aciago efecto electoral inducido por mediación de la mediática figura de Mujica.
1Molles, A. Zeltman, C. (1985). La comunicación y los mass media. Bilbao : Ediciones Mensajero, p. 119.
2Hemos dedicado desde este blog sendos análisis a cada uno de esos tres famosos outsiders : “Tío Rico McPato aniquila al sistema de partidos” Contragobernar(noviembre 2016). https://ricardoviscardi.blogspot.com/2016/11/tiorico-mcpato-aniquila-al-sistema-de.html “Bolsonaro, la bestia y el soberano”. Contragobernar(noviembre 2018). https://ricardoviscardi.blogspot.com/2018/10/bolsonarola-bestia-y-el-soberano-1a.html “Ultraderecha argentina : el discurso ‘políticamente incorrecto’”. Contragobernar(septiembre 2021). https://filosofiacomociberdemocracia.com/es/node/57
3Ver al respecto Núñez, B., Salvetti, C. “Cosecha Canaria”. Brecha(18 de junio de 2026), No. 2117, Montevideo, pp. 2-3. Versión digital en https://brecha.com.uy/cosecha-canaria/
4 “¿Quién fue Benito Nardone?” Crónicas del Uruguay. https://www.youtube.com/watch?v=qqc1JAE2n9o Conviene completar la información respecto a Nardone con “Benito Nardone”. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Benito_Nardone
5Ver al respecto Bidegain, S. “El fenómeno Mujica”. Academia.edu. https://www.academia.edu/4942308/FENOMENO_MUJICA_1_Facultad_de_Ciencias_Sociales_Ciencia_Pol%C3%ADtica