La militancia condenada a muerte por las convicciones de la vida

 

1a. quincena, junio 2022

Resumen

Ibero Gutiérrez desafió un amenaza de muerte que cundía por todas las señales del entorno, incluso las de su propia experiencia personal. Esa opción no sólo correspondía a una consabida intersección de riesgo, que une entre sí vida y militancia, sino además al propósito incalculable que lleva a someterlas por igual a un riesgo incondicional. La poesía misma está implicada en ese desajuste que cuestiona la condición soberana. El texto retoma una ponencia en el Coloquio “Centro en todas partes, circunferencia en ninguna: el valiente amor a las revoluciones”, que tuvo lugar en la Semana de América Latina en Francia.1

1 El mismo trabajo integrará, con mayor extensión, una recopilación de las intervenciones que tuvieron lugar en el coloquio y forma parte del proyecto “Inter-Rogación Ibero Gutiérrez”. El proyecto se desarrolla en el colectivo Casa de Filosofía y también incluye un documental cinematográfico desarrollado por Fernando García y Francisco Mato, una recopilación de textos publicados por quien suscribe y una investigación sobre el contexto filosófico de los años 50 y 60 del siglo pasado en el Uruguay, desarrollada por Sebastián Ferreira.

 

 

 

Una referencia ineludible del 68’ uruguayo

La obra de Ibero Gutiérrez se ha convertido en una referencia ineludible del 68’ uruguayo, no sólo por acuñar un registro radicalmente inconformista y plenamente liberal en las costumbres, sino ante todo, por una condena expresa del totalitarismo, anclada incondicionalmente al cuestionamiento de la explotación social.

La obra de Ibero, quien fuera asesinado a la edad de 22 años, sólo fue conocida por el público después de su muerte. Actualmente ha sido editada en su totalidad la obra poética (que incluso se ha agotado en una última edición), la totalidad de las piezas de teatro y gran parte de la obra visual.1

Se entiende que las convicciones militantes pueden llevar y han llevado en muchos casos al temerario desafío a la muerte. Se entiende también, que se pone así en riesgo la vida para cumplir con las convicciones que la militancia propugna o se propone alcanzar por la vía de los hechos. Solapados en la vida, también se llega a poner en riesgo los fines que la militancia se da por cometido, paradoja indispensable a la propia lucha que se protagoniza.

¿Cómo entender, en esa perspectiva tradicional, que quien contaba con formación y experiencia suficientes para evitarlo, haya puesto en riesgo la vida, incluso a través de una militancia ostensible en espacios públicos y exhibiendo además, señales de domiciliación, cuando se sabía amenazado de asesinato?

Conviene considerar que Ibero conocía la amenaza que arrostraba, en cuanto quien había sido su compañero de celda en el Penal de Punta Carretas, Manuel Ramos Filippini, había sido asesinado pocos meses antes y el crimen fue expresamente reivindicado por el “Escuadrón de la Muerte”. El asesinato de quien, al igual que Ibero había sido preso político, dejaba a las claras el intento de amedrentar a los militantes guerrilleros, en el marco de una campaña de condena sin atenuantes, orquestada por los grandes medios de comunicación.

Sumado a lo anterior, el gobierno de entonces se afanaba en estigmatizar a la oposición y ante todo, a las figuras vinculadas con la guerrilla, favoreciendo un clima de represión y violencia generalizado. Los presos políticos liberados, como era el caso de Ibero, se encontraban en el foco de la atención pública, en cuanto se los asociaba indefectiblemente con la actividad subversiva. Esta última crecía aceleradamente, en razón de la masiva incorporación de jóvenes, particularmente movilizados entre estudiantes y obreros.

Si se llega a arriesgar a sabiendas la vida, que sostiene una militancia amenazada en un clima de represión ¿en qué consisten esas convicciones que, por encima de la militancia que inspiran, ponen en riesgo la propia vida en que se sostienen?

 

Dos significaciones del término “vida”

 

El vínculo entre la vida y el medio social proviene, en el planteo de Canguillehm, del fundamento científico que pasa a tener la biología (en la física y la química) a fines del siglo XIX.2 Canguillehm subraya los efectos inducidos por la ciencia en la significación de la vida, una vez que se relaciona con el saber a través de los conocimientos gobernados por las ciencias naturales.

Foucault señala que una inteligencia de la vida comienza con Darwin, que la subordina al conocimiento científico y conduce a cierto poder específico sobre los seres vivos.3 Es ampliamente conocido el vínculo que intentó establecer Marx entre su concepción de la historia y la evolución de las especies en el planteo de Darwin.

Tanto Canguillehm como Foucault destacan los efectos que alcanza, sobre la significación de la vida, cierta soberanía científica habilitada a explicarla y por consiguiente, a determinar lo orgánico por vías alternativas a la integridad vital que le era atribuida por la tradición.

Contrariamente al primado del medio exterior sobre los seres vivos, la tradición humanista incorpora la vida a un desafío que la conciencia se hace presente y afronta como cotejo crítico. Aunque el representante más destacado de esta orientación sea Nietzsche, su irradiación no sólo supera al propio nihilismo, sino que por encima del auge naturalista post-hegeliano que llega hasta Marx, proviene de un trasfondo que trasunta el influjo insumiso de Spinoza, el filósofo excomulgado, sobre el siglo XVIII alemán.4

Convicciones de vida y riesgo de militancia

 

El desdoblamiento crítico de la vida mantiene el propósito de potenciar una intervención, por encima de preservar una existencia. Antes que explicar las condiciones bajo las cuales la vida prospera, tal potencialidad despliega incondicionalmente lo existente, ante quien, por otro lado, le plantea una interrogante (inter-rogación). De ahí que todo Orden (El Orden), en cuanto uno, venga a ser desplazado por cierta Orden (La Orden), que nunca proviene simplemente de Uno.

Para Derrida existen dos órdenes de orden: (El/La) Orden.5

El comienzo (secuencial) no puede tener lugar sin el comando (justicial).6 Tampoco el comando puede prescindir del comienzo. Uno requiere del otro, por lo cual se encuentran en permanente inter-ŕogación.

Hay siempre más que uno y más o menos que dos. En el orden del comienzo tanto como en el orden del comando”.7

Tal clivaje incesante impide que haya un comienzo como Uno y también hace imposible que un comando, como tal, gobierne por sí solo.

En este sentido incondicionado de “vida”, la militancia no admite descubrirse simplemente cifrada como secuencia de vida, ni la vida encontrarse meramente comandada por la militancia. Cabe entonces preguntarse si una intervención tan incondicionada como desorganizada llega a desplegar una condición propia a la militancia, que pueda entenderse como correlativamente consignada en la vida.

Si se acepta la intersección permanente entre lo secuencial y lo justicial (El/La Orden), convendrá asimismo aceptar que El Orden (de la vida) nunca tuvo comando (en la militancia) y que La Orden (de una militancia) nunca tuvo comienzo (en la vida). Lo incondicionado quiebra, por el propio desorden que introduce en un planteo de organización, todo primado de soberanía.

El desafío de Ibero a una amenaza de muerte, que conocía sin embargo por las propias señales abrumadoras del entorno, habla a las claras de convicciones de vida que desbordaban toda unificación jerárquica de propósitos.

 

Revertir el culto a la soberanía

 

El desconocimiento de la jerarquía no se reduce, en una perspectiva de soberanía, al desconocimiento de una cadena de mando, sino estratégicamente, al desconocimiento de la indivisibilidad del poder y de la unidad de su principio. Si “soberano es quien decide el estado de excepción”, según la célebre frase de Schmitt, desconocer una excepcionalidad soberana de índole represiva, cuando reviste además una amenaza de muerte, revierte el culto a la soberanía: la supedita a un propósito incondicionado tal que “hay siempre más que uno y más o menos que dos”.

Quizás resida en esa distorsión incalculable, que impide la reducción del poder a la soberanía, un vínculo más estrecho entre la vida y el arte, que a través de la obra de Ibero cunden entre sí con escansión poética.

 

1Editorial Arca publicó Antología I (1987) y Antología II (1992). Estuario Editora publicó Obra Junta (2009), La pipa de tinta china (2014) y Mover el antiguo instrumental de la noche (2017). La recopilación de poemas fue llevada a cabo por Luis Bravo y Laura Oreggioni. La recopilación de la obra teatral, por Luis Bravo y Alejandra Dopico. En 2009 tuvo lugar la exposición de obras visuales Ibero Gutiérrez. Juventud, arte y política, organizada por el Museo de la Memoria (Intendencia de Montevideo) y un conjunto de instituciones públicas, que dio lugar a un catálogo.

2Canguillehm, G. (1981). Idéologie et rationalité. Paris: Vrin, p. 134.. Existe traducción al español: Canguillehm, G. (2005) Ideología y racionalidad en la historia de las ciencias de la vida: nuevos estudios de historia y de filosofía de las ciencias. Amorrotu: Buenos Aires.

3 Foucault, M. “Verdad y poder” en Nicolas, J.A., Frápolli, M.J. Teorías de la verdad en el siglo XX (1997), Madrid: Tecnos, p. 456.

4Ver al respecto Jacobi, F, Mendelsshon, M. et all (2013). El ocaso de la Ilustración. La polémica del Spinozismo. Buenos Aires: Prometeo.

5Derrida, J. (1995). Mal d’Archive. Paris: Galilée, p. 11.

6Para expresar la condición jurídica del poder (incluso en la enunciación) Derrida formula el neologismo “jussique”. Falto de traducción posible en español, el término es vertido aquí por “justicial”, en analogía con el adjetivo “justiciable”.

7Derrida, J. Op. cit p. 12.