El escudo del Papa : la globalización, fase superior del catolicismo

Resumen

Ante la confirmada visita del Papa León XIV al Uruguay en noviembre de este año, la consultora CIFRA (medición de opinión pública), publicó una encuesta con datos poco novedosos : los católicos son cada vez menos, quienes practican esa religión menos aún, una mayoría absoluta en el Uruguay se declara atea, agnóstica o vagamente deísta, las demás religiones son todavía menores en número al catolicismo, pero más intensas en participación de los creyentes. Relevar las creencias con base en la adhesión individual de las personas a un credo o a su incredulidad (relativa a esa misma fe religiosa) induce dos falacias tributarias de la Modernidad y complementarias entre sí : a) identifica el credo religioso con una convicción individual, que no es sino su versión secularizada b) contrapone el credo religioso (la fe en la existencia divina) al tránsito histórico (secularización) que lo convierte en "laicidad". ¿Será necesario recordar el título « ¿En qué creen los que no creen ? » (U. Eco y C. Martini) ? Lo que debiera suscitar interrogante no es el número de uruguayos que crecientemente descreen de la religión, sino la religión de la Inteligencia Artificial que cada ciudadano tiende crecientemente a profesar. Cunde escandalosamente cierto síntoma (intrínseco a la globalización) que se despliega globalmente desde los años 1990 : mientras « las iglesias están cada vez más vacías » (como lo afirmó Vattimo en 1993), no deja de crecer la religión como vector político de la intervención pública (entre judíos y musulmanes en Medio Oriente, entre chiitas y sunitas en el Islam, entre hinduístas y musulmanes en la India, entre budistas y musulmanes en Birmania, entre evangelistas conservadores y militancia laica en Brasil y otras partes de América Latina, mientras Milei hace profesión de fe ultra-liberal en el Muro de los Lamentos). El auge de “el retorno de las religiones” que pautó el conflicto de los Balcanes (años 1990) merece un análisis que explique por qué razón el abandono de la fe religiosa se acompaña del ascenso de las religiones como pauta ideológica. En lo que sigue se extractan pasajes de una ponencia presentada recientemente (2026) en las XI Jornadas de Investigación de la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca) bajo el título “Auge político de las religiones : un efecto de la reversión tecnológica de la secularización”.

Imagen : TAN_GENTE

1a. quincena, septiembre 2026

1. Unipolaridad estratégica, debilitamiento de las ideologías, primacía tecnológica de la información y la comunicación

El relato revolucionario de la Modernidad sostuvo la irreversibilidad de la condición humana, contraponiéndola en términos de linealidad del progreso histórico, a la creencia religiosa. Desde esta perspectiva se entendía que la emancipación intervenía como efecto del propio devenir histórico, aparejada en un trayecto indefectible por una connatural condición racional, una vez que esta racionalidad ínsita en el género humano se encontrase liberada del dogma teológico que la había oscurecido y de la institucionalidad eclesiástica que hasta entonces la había reprimido.

La anterior descripción canónica del ascenso y el auge de la Modernidad no entró en crisis en razón del relato religioso, sino como efecto de la versión periodística de sucesos bélicos, que alcanzaron repercusión estratégica en la aceleración de la mundialización que siguió al fin de la Guerra Fría. El relato que la Modernidad acuñó del advenimiento de la revolución a través (y en razón) de la Ilustración, se encontró revertido por un acontecimiento que puso en cuestión el propio fundamento del relato histórico de la Modernidad. En vez de encontrarse ante una historia hecha por vía del descreimiento racional en la fe, el relato periodístico acuñado en esa misma matriz revolucionaria de la Historia se encontró ante un conflicto político que transitaba a través de creencias religiosas, protagonizadas por contendientes laicos enfrentados entre sí. No se trataba de una guerra de religiones, sino de combatientes que atribuían el enfrentamiento que protagonizaban a una diferenciación religiosa.

Aunque esta emergencia política del influjo religioso ya había tenido lugar en el contexto del conflicto entre el Estado de Israel y su contexto inmediato de mayoría islámica, particularmente a través del enfrentamiento entre sí de milicias surgidas en distintas comunidades religiosas del Líbano, el emergente crucial de esta novedosa noticia anti-histórica tiene lugar en la Guerra de los Balcanes.

La problemática registrada por la percepción periodística bajo el rótulo “retorno de las religiones” formaba parte de un contexto de significación alternativa, que se abría paso hacia el fin del siglo XX : el inicio de la mundialización unipolar, el desplazamiento hacia oriente de la frontera militar atlantista y la desaparición de la hegemonía soviética sobre el este de Europa.

La universalidad de esta coyuntura comprendía, asimismo, un elemento solapado en la transformación estratégica de la correlación de fuerzas propia a la Guerra Fría : la aceleración de la mundialización liderada por las tecnologías de la comunicación. El vector tecnológico intervino en la competencia económica entre bloques, gravitando a favor de la economía de funciones desarrollada por el capitalismo occidental, que terminó por imponerse ante la planificación centralizada del campo soviético. Ese mismo influjo tecnológico desencadenaba una transformación del habitus, a partir de la incorporación de la Web.1 en el campo de la mundialización informativa que trajo consigo internet.

El efecto de ese influjo tecnológico sobre la coyuntura internacional interviene al tiempo que se desencadena el conflicto de los Balcanes en los años 1990-1991. Conviene por lo tanto considerar que a la par del advenimiento de un contexto mundial unipolar, que tras la disipación ideológica de la Guerra Fría pasa a configurar el contexto mundial de los años 1990, ingresa ya por entonces en el reordenamiento geopolítico en curso, el desarrollo tecnológico que se denominó “Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la información”, o también, “Nuevos Medios”.

La significación que revistió el tópico periodístico “retorno de las religiones” se inscribe por consiguiente en un tríptico marcado coyunturalmente por la unipolaridad liberal y capitalista, la crisis de la emancipación ideológica de signo socialista y el desarrollo tecnológico liderado por las tecnologías de la información y la comunicación. Cierta huella del mismo contexto perdura en la actualidad, una vez superada la 2a. década del siglo XXI : a) la identificación del desarrollo con la gestión empresarial b) el desdibujamiento del horizonte histórico de la emancipación c) el primado de la información y la comunicación sobre el desarrollo tecnológico.

2. La mediación velada

De los tres elementos antedichos, el que presenta mayor dificultad crítica es “el primado de la información y la comunicación sobre el desarrollo tecnológico”. La razón del obstáculo que enfrenta dicho planteo, consiste en que se entiende por “tecnología” una prolongación de la ciencia, de modo que la expresión “ciencia y tecnología”, habitual en el lenguaje académico e institucional tanto en el plano universitario como en el gubernativo, expresa la continuidad conjuntiva entre los dos términos de tal fraseo. Mientras el vínculo entre saber y técnica es incluso anterior a la constitución conceptual de la ciencia Clásica y Moderna a partir del Renacimiento, el término tecnología recién conoce un uso generalizado y una significación universal a partir de mediados del siglo XX.

Cierto reingreso de la actividad (“tecnológica”) en un ámbito previo a la formulación conceptual (“científica”), pero destinado a la índole intelectiva, no puede desarrollarse sino en el ámbito del lenguaje, en tanto éste último conlleva tanto la significación como la representación. Lo anterior equivale a decir, que al igual que el “cuidado de sí” foucaldiano, tal actividad (quizás podría decirse, desde ya, “tecno-lógica”) se pregunta por “este sí mismo” de cada individuo, al tiempo que lo inscribe en una escena compartida más allá del “sí propio” personal que pone bajo su cuidado.

Desde el punto de vista de la perspectiva mediadora del lenguaje podría describirse el desarrollo occidental del saber, a partir del Renacimiento, como el despliegue de ese vínculo de mediación que intervino a través (¿por medio?) del lenguaje, para encontrarse progresivamente imbuido de una significación metodológica, por la ciencia físico-matemática a partir del siglo XVII y por el conocimiento empírico a partir del siglo XIX.

3. El descaecer de la emancipación : la diseminación tecnológica de la soberanía

El término “soberanía” requiere como ningún otro el alcance cristiano de la mediación a través del lenguaje. Sin embargo ese principio de mediación, exigido para el ejercicio eficaz de un principio único e indiviso del poder y propio de un sí mismo, es decir, de un sujeto, ha emigrado desde hace siglos del pantocrator al que primigeniamente se lo atribuyó. La extensión de tal principio soberano ha alcanzado una latitud no sólo multitudinaria, sino también transnacional, si se tiene en cuenta (por ejemplo) el reclamo de soberanía alimentaria, en cuanto tal soberanía inhiere en el campo económico mundial.

En razón de la extensión multitudinaria que ha adquirido la mediación tecnológica, es decir, la actividad soberana de una comunidad sobre el saber, una diversidad de anclajes individuales ha tendido a multiplicarse exponencialmente, a través de la potestad soberana de todo usuario de un artefacto interactivo, de entenderse a sí mismo sujeto de derechos de emisión y recepción de mensajes. Tal diseminación de la soberanía, inicialmente limitada a la función vicarial de la iglesia, se ha distendido sucesivamente en una medida creciente, atribuida en su momento a la sabiduría política del principe, para alcanzar luego un ámbito representativo de masas y terminar por inscribirse ahora, finalmente, en la interactividad desigual y combinada de la red de redes.

Revirtiéndose incesantemente sobre una base de habitus multitudinarios disímiles entre sí (de naciones, credos, saberes, poderes, etc.), la soberanía propia a la comunicación artefactual abandona el desideratum de destinación trascendente que le diera origen en la cosmovisión teológica. La trascendencia religiosa que el sujeto de la Modernidad transfirió a la emancipación de la Humanidad se encuentra al presente privada de significación histórica, en cuanto la diversidad de contextos habilitados tecnológicamente inhibe la proyección trascendente de una única destinación compartida.

4. El retorno del "retorno de las religiones"

Vattimo ha señalado acertadamente que en la misma coyuntura que habilitara la expresión “retorno de las religiones” las iglesias se encontraban cada vez más vacías.1 La contraposición entre la creencia que se sostiene en la fe y el credo que hace de la fe una doctrina es inherente a la mediación cristiana, ya que esta mediación sostiene que lo carnal y lo espiritual (tierra y cielo) se inscriben por igual en una común unidad. Marie-José Mondzain ha sostenido que esta economía de un “tercero incluido” (la mediación entre la divinidad y la Humanidad) determina el propio régimen de significación de la imagen, planteo que se infiere de la obra de la misma autora, en cuanto sostiene la propia inherencia de la imagen a la trascendencia de la mediación cristiana.

El anclaje terrenal de la creencia habilita por consiguiente la participación política, superlativa incluso en tanto se entienda por “política” una inscripción estratégica en la “forma Estado”, es decir, en la condición (occidental) del poder, en cuanto tal concepción del poder proviene de esa misma participación terrenal (así como “celestial”) propia a la soberanía. La extensión mundial que ha posibilitado la digitalización tecnológica es tributaria, como la misma tecno-logía, de la mediación de un “tercero incluído”. Conlleva por consiguiente, la participación idiosincrática de los distintos contextos involucrados, que determina a su vez el sesgo soberano que le imprime cada enunciador, en una interface de emisión-recepción.

Esta transversalidad de sensibilidades personalmente interpeladas ha propiciado la explotación mediática de sentimientos extendidos, que una vez apropiados por aparatos mediáticos en su propio provecho (de ratting), han alterado la primacía institucional de la democracia representativa, que todavía reflejaban los medios masivos de comunicación. Mientras la política de Estado conjugaba en su versión representativa el saber con la propia conducción de los asuntos públicos, el auge mediático de la interactividad ha conllevado, junto con el descaecimiento de los aparatos partidarios tradicionales de prosapia ideológica (liberales, socialdemócratas, comunistas, anarquistas, etc.), la proliferación de perfiles tan pseudo-religosos como ultra-liberales, paradójicamente fusionados en el designio inmediatista de hacer cundir un Orden Ejemplar, enarbolado a través del un fetichismo nacionalista fabulatorio : Trump (Make America Great Again), Bolsonaro (Brasil acima de tudo, Deus acima de todos) o Milei (Libertarianismo : volver a la Argentina potencia mundial). Aunque el grado de pertinencia religiosa de estos ejemplos varíe sensiblemente de uno a otro contexto, en todos se afirma la obediencia neo-tradicional, que fusiona por igual el credo político con el relgioso.
 

1Vattimo, G. (1996). Circonstances en Jacques Derrida et Gianni Vattimo (sous la direction de) Sur la Religion, p. 7, Seuil.