Duodécimo Coloquio filosófico de la Semana de América Latina y el Caribe
París, 1, 2 y 3 de junio de 2026
Universidad Paris Cité / Maison de l’Amérique Latine
Co-organizado por : LLCP Université Paris 8, LCSP Université Paris Cité, IHEAL Paris Sorbonne, Les dialogues philosophiques de la Maison de l’Amérique Latine, RIPC (FMSH), GID Académie des Sciences, CIPh Paris
Más aún que el anterior, nuestro siglo le da la espalda al futuro, tal como el Angelus Novus de Paul Klee? ¿Qué configura un carácter destructivo? Según Walter Benjamin en 1931, para él, nada es duradero y es por esta razón, que ve por todas partes caminos que hay que despejar, que siempre se encuentra en la encrucijada de estos caminos sin conocer jamás el siguiente, y que demuele lo que existe, no por amor a los escombros, sino por amar los caminos que los atraviesan.
En la misma época, Freud asigna a la Humanidad el ser su propio sepulturero, en la medida en que el instinto de muerte está interviniendo a través de los comportamientos agresivos, destructores de la vida en común; se pregunta si el progreso de la civilización sabrá dominar las perturbaciones introducidas en esta vida por las pulsiones humanas de agresión y autodestrucción, y escribe: «Descubrimos con sorpresa que el progreso ha concluido un pacto con la barbarie».
¿Es diferente el siglo veintiuno de aquel que lo precedió y de serlo, en qué estribaría la diferencia,?
Si el siglo que se anuncia es, más que nunca, aquel donde la violencia mata todas las soluciones, y el de las guerras que no dicen su nombre (desplazamientos de población, represión contra los migrantes, proyectos de anexión, «operaciones especiales», masacres, tendencias genocidas contra los feminismos y las minorías sexuales, etc.), ¿hay lugar para otra cosa que no sea la resignación?
Evocando en 2003 la guerra anglo-americana en Irak, legitimada por la mentira de que el régimen poseía armas de destrucción masiva que ponían en peligro a las naciones occidentales, Rancière mostraba que no era la inseguridad experimentada lo que hacía la guerra ineluctable, sino que esta era necesaria para imponer la inseguridad: «porque la gestión de la inseguridad es el modo de funcionamiento adecuado de nuestras sociedades-Estado consensuales».
Para Georges Canguilhem, al evocar el relato de Franz Kafka La madriguera, si la conciencia del peligro no tiene fondo, la réplica al peligro no tiene fin: «El peligro de la situación reside en que la búsqueda incesante por parte de quien se siente amenazado de los medios para apartar el peligro, lo lleva a manifestar el sentimiento de inseguridad que lo invade y conduce, por esa vía, a redoblar las acciones de quienes llegaron a colocarse en una posición de fuerza (...). Nada otorga de por sí garantía segura, ante el peligro de encontrarse un día en peligro».
¿Cómo, entonces, puede aparecer en nuestra época aquello que en la historia escapa a la historia: el instante, la fractura, el desgarro, el levantamiento, es decir, el movimiento por el cual un hombre solo, un grupo, una minoría o un pueblo entero dice: "Ya no obedezco"? Algo muy distinto a una revolución que se organizaría según toda una economía interior al tiempo, con condiciones, promesas, necesidades, sino otra comprensión de lo que se debe hacer que, fuera de toda especulación sobre el futuro, "cortando el tiempo, erguiría a los hombres en la vertical de su tierra y de su humanidad (Foucault)". Es decir, una desobediencia a las normas insidiosas e interiorizadas de las instituciones, disruptiva, cotidiana, discreta y obstinada, que devuelva la palabra y la visibilidad a las soluciones mudas que el siglo parece querer enterrar.»
