Resumen
Cuando se disocia entre sí la soberanía nacional y los derechos humanos de una población, o incluso se los pretende restaurar conjuntamente por mera vía declarativa, se ignora que comparten un mismo sujeto histórico. Este soberano (por igual nacional y popular) tiende a disolverse al presente, bajo el efecto paradójico de la misma emancipación tecnológica, que se proponía por meta la liberación de la Humanidad.

Imagen : FilosofíaComoCiberdemocracia
1a. quincena, enero 2026
Analogías
A partir de la actual reformulación de la estrategia hegemónica de EEUU sobre América Latina,1) surge cierta analogía con el contexto ideológico de los golpes de Estado que se dieron en la región, entre mediados de las décadas de 1960 y 1970. El replanteamiento en curso del papel de los EEUU en la actual coyuntura, se propone dar respuesta al auge de la influencia de China continental, asi como a la ventaja que adquiere Rusia en el contexto de la guerra con Ucrania.
Tal como sucediera en su momento con la crisis de los misiles que siguió a la profundización de la Revolución Cubana, EEUU aparece ahora interviniendo de forma aún más rotunda en la región latinoamericana, bajo el estilo de amenaza proclamada y ufana que emplea Trump.
Las posiciones políticas en el interior de los países de la región tienden, ante este escenario radicalizado, a polarizarse entre quienes denuncian la violación de la soberanía nacional de Venezuela2) y quienes justifican la intervención imperial, sin otro norte que las meras formas institucionales de la democracia representativa.3)
La confrontación tenía lugar, hace ahora más de medio siglo, entre quienes propugnaban la liberación nacional latinoamericana que tomaba por referencia a la Revolución Cubana y quienes defendían el modelo occidental de libertades políticas, oponiéndose a los regímenes de partido único pautados por el régimen soviético.
La principal diferencia entre el período actual y aquel precedente, consiste en la abierta proclamación del designio imperial por parte del actual presidente de los EEUU, así como en la posición adoptada por algunos gobiernos latinoamericanos -particularmente el uruguayo-, tendiente a conciliar entre sí lo que no puede encontrarse disociado sin grave perjuicio previo, esto es, la soberania nacional y las formas institucionales de la democracia representativa.4)
La absurda contraposición entre el designio manifiesto y estentóreo de dominación imperialista que proclama Trump y por otro lado, el curioso planteo de armonizar lo que es inherente a una misma soberanía nacional y popular, quizás proviene de una única fuente concreta: la crisis de la Historia entendida en tanto que proceso protagonizado por un sujeto universal.
Soberanía nacional, sujeto popular y sujeto histórico
La nocion de soberanía nacional como incorporación entre sí de un territorio, una lengua y una religión ya se encuentra cristalizada bajo el absolutismo de las monarquías europeas del período clásico (S.XVII y S.XVIII). La transferencia de la soberanía de derecho divino a la soberanía de derecho natural que conduce a la soberanía popular (el pueblo es el soberano), intervino en el interior de la soberanía monárquica de derecho divino y se apropia de sus atributos territoriales, lingüísticas y religiosos.
En cuanto la condición de la soberanía se disemina entre la población que ocupa la entidad nacional (originariamente en clave monárquica de derecho divino), el sujeto popular se apropia, por vía de consecuencia, del legado monárquico de esos mismos atributos territoriales, lingüísticos y religiosos.
Se impuso desde entonces la substitución de la fe religiosa por el sujeto universal de la Historia, cuya atribución de soberanía proviene de la experiencia política y de la instrucción habilitada por el par ciencia/ideología.
Cuando Trump se mofa de la legalidad internacional, no sólo viola las reglas del derecho internacional: también proclama la caducidad de ese conjunto normativo en tanto que regulación efectiva del contexto mundial (lo que no asegura ni el éxito de esa transgresión, ni la eliminación de toda regulación internacional).
Cuando el gobierno uruguayo (entre otros) proclama la improbable conjunción entre el respeto de la soberanía nacional y la preservación de las libertades políticas en Venezuela, -libertades que una vez alcanzadas pondrían, por otro lado, en zozobra al mismo régimen que reviste la soberanía avasallada-, manifiesta una expresión de deseos desoladoramente pueril (lo cual no significa tampoco que ese desideratum deje de ser compartido socialmente entre la población involucrada).
Por un lado un prepotente blande un garrote (big stick), por el otro se predica una credulidad bienintencionada. Tamaña disonancia corresponde asimismo a un común denominador : la disolución de un criterio universal, que incluso bajo distintos registros nacionales, se constituya en norte compartido por la comunidad internacional.
Diseminación de la soberanía y confrontación multipolar
El "principio único e indivisible del poder" que invoca la significación del vocablo "soberanía" ha transitado, a partir de la concepción teológica cristiana, por diferentes regímenes de significación. Las distintas acepciones no han modificado, pese a las sucesivas reasignaciones de sentido que sufriera el vocablo, el registro relativo del significado, sino ante todo el régimen de comunicación que lo incorporó, desde la teología cristiana hasta la teoría política contemporánea.5) La preservación bajo las distintas acepciones sucesivamente comunicadas, de un significado casi inalterado del término "soberanía", corresponde asimismo a la característica propia del poder soberano : facultar la recepción ubicua por parte de una multitud diversa de destinatarios.
Habilitada por la misma soberanía que se transmite, pero incorporada según una diversidad de recepciones coexistentes entre sí, la polimorfa ubicuidad de la soberanía proviene de su propia condición intangible (mística) pero simultáneamente prosaica (carnal),6) que constituye el genuino aporte político del cristianismo : la comunicación. Por encima de la modificación del régimen de significación de la soberanía teológica, que se introduce con el Humanismo renacentista y el racionalismo clásico que le siguió a partir del S. XVII, el giro decisivo del régimen de significación de la soberanía acontece con la secularización que la consignó en el sujeto popular.
La unidad de proceso entre la multivocidad popular y la destinación histórica que se le asignaba en común, era provista por la transparencia de la conciencia, consignada en cada miembro de la especie, en calidad de participación insoslayable en la Humanidad.7) Diseminada entre la multívoca condición popular, la soberanía protagonizó con vocación de sujeto universal la secularización que la encarnó en sujeto ciudadano. Gracias a ese tránsito entre dos regímenes de significación de la soberanía, la figura de la Humanidad pasaba a suplantar al vicariato eclesiástico. Surgía con base en el conocimiento la invocación de emancipación de la Humanidad, imbuida de redención revolucionaria.
La sustitución de la técnica por la tecnología y el auge de la comunicación
La carga de destinación heredada por la acepción de "tecnología" recién se substituye a "técnica" a partir de la 2a. mitad del siglo XX.8) Desde entonces el auge del conocimiento protagonizado por el sujeto universal de la Historia conlleva la reversión de lugares entre la soberanía y la comunicación : esta última ya no transmite el poder mientras preserva su condición mística e intangible (tanto en la teología cristiana como en la ideología revolucionaria); en cuanto a partir del auge tecnológico que se inicia en el S. XX, el poder cunde como comunicación (por medio de la difusión) del conocimiento.
La construcción de la bomba atómica marca el paso crucial hacia la supeditación de la soberanía a la diseminación estratégica del conocimiento. La disuasión nuclear pauta, desde el inicio de la Guerra Fría, las fronteras geopolíticas mundialmente gravitantes, en función del aparato industrial-militar-ideológico, denunciado por la Escuela de Francfort desde los años 1960. Este aparato pasa a determinar, más allá del signo ideológico que revista, la condición estratégica del saber-poder a escala planetaria.
El inicio de internet en el ámbito militar señala a las claras el alcance soberano que llegó a adquirir la comunicación. La tecnología escala decisivamente con la emisión de imagen a distancia, en cuanto esta función no sólo cristaliza el sentido propio de "tecnología" (tecno-logía : una técnica del saber y no la técnica como aplicación del saber), sino que también transfiere a la economía (eco-nomía) de redes mundializadas, el atributo soberano del poder político en la Modernidad : condicionar el orden social por medio de la comunicación.
Desde entonces comienza la paulatina sustitución del soberano popular anclado en la tríada tradicional territorio-lengua-religión de antaño y conducido por aquel sujeto universal de la Historia, constituido a su vez, por la incorporación de conciencia-de-conocimiento emancipadora. En adelante la diseminación comunicacional de la tecnología desencadena transferencias de poder-saber a escala planetaria (tanto por la vía de la mundialización institucional, como a través de las mismas plataformas empresariales), que perforan la legitimidad soberana de los estados-nación y el habitus propio de las "identidades colectivas" (es decir, la soberanía ciudadana del sujeto-pueblo).
"Capitalismo cognitivo" mediante, se articulan entre sí las empresas estratégicas de estados declarativamente confrontados, al tiempo que interviene una gobernanza institucional de regulación mundialista, protagonizada por organismos internacionales, conglomerados mediáticos y grupos de presión (G7, G20, OCDE, BRICS, etc.).
Ante el genocidio transmitido "en vivo y en directo" desde Gaza, o ahora ante el "big stick" blandido sobre Venezuela, acabamos de asistir en el transcurso de pocos años al sarcasmo que deja en ridículo un obsoleto Orden Universal de la Humanidad. Cunde por vía de consecuencia el cuestionamiento crítico de las instituciones internacionales que surgieron tras la 2a. Guerra Mundial a partir de la ONU, pero además y por añadidura, todas aquellas forjadas en la senda de cierto propósito onusiano.
Queda por lo tanto de manifiesto que los eventos decisivos a escala mundial no se configuran en un marco democrático-representativo, sino incluso a través de la transgresión explícita y ufana de la soberanía nacional de Estado. Esta tendencia no se encuentra contrarrestada sino por una convocatoria acéfala, multitudinaria y mediática, que genera estados críticos de opinión pública, e incluso la movilización multitudinaria.
1) Ver "Estrategia de Seguridad Nacional del Presidente". Recuperado de :https://20212025.state.gov/translations/spanish/presentacion-de-la-estrategia-de-seguridad-nacional-del-presidente/
2) "Venezuela en la guerra permanente y la crisis del capitalismo" Revista Compañero, PVP. Recuperado de : https://www.pvp.org.uy/2026/01/08/venezuela-en-la-la-guerra-permanente-y-la-crisis-del-capitalismo-dossier/
3) "Sanguinetti : ante las dictaduras no juega la no intervención". Recuperado de : https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Sanguinetti-sobre-la-captura-de-Maduro--Ante-las-dictaduras-no-juega-la-no-intervencion--uc948583
4) "Orsi afirmó que Uruguay mantiene "una posición histórica" a favor de la no intervención "de ningún país en los asuntos de otro". Recuperado de : https://ladiaria.com.uy/politica/articulo/2026/1/orsi-afirmo-que-uruguay-mantiene-una-posicion-historica-a-favor-de-la-no-intervencion-de-ningun-pais-en-los-asuntos-de-otro/
5) Ver al respecto Derrida, J. (2001). L’université sans condition. Galilée: Paris, p. 20.
6) Margel, S. (2005). Superstition Paris: Galilée, p. 94.
7) Foucault, M. (212). Mal faire, dire vrai. Louvain: Presses universitaires de Louvain, p. 208.
8) Ver al respecto Viscardi, R. "Tecnovirus". Recuperado de : https://www.aacademica.org/ricardo.g.viscardi/80